lunes 4 de enero de 2010

Melgareando

Enero 4, 2009



En algún lugar del tiempo existe una estructura de concreto donde un enjambre descomunal acepta sin chistar las leyes de la realidad que le fueron impuestas cuando le dijeron: vives. Estos son tus ojos, este es tu tacto, este es tu semen, estos son tus excrementos. El ganado would go amok sin los protocolos de convivencia, vitales como el H2O. Oh vida, los contenedores de éter que me rodean realmente son así. Tres días/72 horas de safari, minucioso escrutinio y helos ahí, hermosos. “Baila”, dicen, “debes bailar”, oh cacofonías que son sus suspiros ultrasónicos que sólo los aliens escuchamos. “Debes ingerir alcohol”, y en letras minúsculas: “pero con moderación”, más pequeñito aún: “o te empalaremos en la capilla privada”. Pero qué dolor, la panacea que podría ser la Coca-Cola, con la adición de hielo y ron queda reducido a tal brebaje atroz que su mero olor inspira más asco que tener que beber el botulismo asentado en la soltura de un perro callejero sarnoso y con lepra. Cuba libre, le llaman. Espacio libre para guasquiarse, mejor. Mira mami, tengo un apéndice pegado a la mano. La mamá se acerca y lo observa: es una cámara digital. “Por lo menos ya no se la pasará pajeándose”, piensa la mami. Pensé en amputar los ofensivos aparatejos y arrojarlos a la piscina, pero uno de ellos era a prueba de agua. Aquél apéndice hubiera sobrevivido y hecho una grabación en baja resolución de mi empalamiento en la capilla privada. Incinerar a la dueña de la casa en la terraza y ofrecerla como sacrificio a los dioses mayas hubiera sido menos ofensivo que atentar contra la integridad del dispositivo que les permite capturar gran cantidad de imágenes en poco tiempo, como los grandes pintores del renacimiento lo hubieran soñado, sin tener que incomodarse por minucias como encuadre o un mínimo sentido general de estética. A cincuenta fotografías por minuto la explosión opaca de un flash/vomitivo es lo de menos. La ráfaga de obturaciones (se quedó el término) contribuye significativamente a lo homogeneidad de los otros novecientoscincuentayseismilsetecientosventiuno bosquejos archivados en el disco duro expansible. La misma sonrisa cafeinada propulsada por las dos ganzúas del rito social se deberá encontrar calcada en cada foto, pero me muero si salgo dos veces con la misma ropa. Silvestre Dangond y Jorge Celedón. Perdonen las malas palabras. Agarro el cloro para la piscina y la echo en mis ojos. Tomo un puñado de insectos y los meto a mis oídos; los empujo con un pitillo. Pero las cosas no cambian. Sigo en su mundo y no encuentro el mío. Nunca me he sentido tan solo. Y sé que por entre los árboles que nos rodean el jabalí hecho de odio de La princesa Mononoke arremete hacia nosotros. Siento el suelo del patio retumbar debajo de mis pies descalzos e hinchados por las picaduras de mosquito. Puedo escuchar las hojas verdes secándose por efecto de su energía negra. Siento una bola de agitación en el pecho y siento como se expande por mi cuerpo. El barullo del pesado y frenético trote es sobrecogedor. Al fin, el estupendo animal brinca por encima de la copa de los árboles y queda fugazmente suspendido sobre nosotros, mi corazón ferviente a punto de ser regurgitado debido a la magnitud de mi gozo, hasta ver el semi-dios caer en la piscina, disolviéndose entre una humareda carmín que los concurrentes aprovechan para tematizar su festejo. Mientras buscan sus disfraces llamo un taxi (oh ficción) y pruebo el jacuzzi.

Abuso de guiones, paréntesis y paciencia. Seward & Stockton. Feliz década.

Diciembre 31, 2009



La adición de un dígito activo a la cifra ayuda a que el 2000 deje de ser percibido como una curiosidad y se presente como el presente que nos rodea (abruma, agobia (¿?)). Hoy 31 de Diciembre del 2009, por unos cuarenta mil dólares, un padre puede comprar la tarjeta genética de su progenie nonata y prever con precisión su peso, altura, enfermedades y hasta causa de muerte (descartando que lo coja un Wolksvagen o algo por el estilo). Muy pronto, tal configuración seguramente podrá ser manipulada y ofrecerle al progenitor la posibilidad de tener un engendro custom-made. La fealdad será un anacronismo similar a la tuberculosis —en el primer mundo— (ambos casos) ;). De la misma forma, las danzas al borde del ya no existente abismo (arte (¿?)) serán incomprensibles. Aquellos lúgubres vericuetos de la siquis explorados —con gallardía— por gente como William Burroughs y Hunter Thompson serán apreciados como curiosidades médicas. Las fotografías de David Nebreda ya no se encontrarán en galerías o museos, sino en el archivo de algún individuo con algún resquicio de curiosidad antropológica, o como le llamarán. Las palabras de Nebreda acerca de su percepción del mundo y la realidad, recopiladas en la entrevista con Virgine Luc, bien pudieron haber dido escritas en tocario.

Paso por unas pantallas de plasma de cinco metros, llenas de luces y colores. Las observo con la misma frialdad que a cualquier cosa que no sea un árbol, un atardecer, o cualquier orgánico. A veces se me ocurre que es lo único que no cambiará. Hasta que pienso en el sulfuro que dentro de algunos años estaremos disparando a la atmósfera en el intento de atenuar el efecto invernadero que nos estará simultáneamente achicharrando y cubriendo de agua. En el mundo de mis pesadillas el cielo es sulfúrico.

jueves 17 de diciembre de 2009

Opciones al anochecer

Diciembre 17, 2009



Es igual. Aquellos días de adolescencia, de crisis nerviosa, pastillas, hipnoterapia, revistas en la sala de espera. Cine del que a veces tenía que salirme debido a algún ataque de ansiedad. Es igual: trato de mantenerme indemne en mi atalaya, hasta que la ansiedad empieza a zumbar dentro de mi cabeza. A la misma hora de antes, el atardecer. Me veo obligado a salir a las calles y los colores tampoco han cambiado, todo se ve bronce y herrumbroso, violáceo por algunos segundos. Siento el susurro de sangre enrarecida por la adrenalina mientras baja hasta mis tobillos, que arrastro por el peso. Un rostro. Una imagen. Me lo pueden quitar de una. O pueden volver a hundirme. Siempre trato de saber a donde voy antes de salir y así poder tener algún control sobre esto. Mientras escribo veo la hora y pienso que si me abalanzo de vuelta a las calles y tomo el primer bus que me sirva podré llegar al centro justo antes de que cierren todas las cafeterías y que empiece la última función de los cines club. Para la biblioteca ya es demasiado tarde. No sé por qué siempre voy al centro cuando no me siento tan bien. Es como el punto nodal de esta inmisericorde y reverberante ciudad. Ir al centro es tregua, a pesar de ser un sitio de locos.

lunes 14 de diciembre de 2009

Naciones

Diciembre 14, 2009



He hecho algo malo.

Todavía hay un monstruo chocándose dentro de mis costillas. Ya no se deja ver en el espejo a través de mis ojos, ahora lo veo reflejado en los ojos vidriosos de mi Luisa. CRUENTO DICTADOR DE NUESTRA NACIÓN DE DOS, te derroco y te apachurro la cabeza. Howard W. Campbell Jr. pudo haber sido acusado de traicionero, nazi y asesino, pero nunca de descuidar ni abusar de su nación de dos con Helga. Cuanto por decir, y todo se queda atrapado en las guirnaldas de navidad que me encuentro en el camino a casa. Qué días extraños estos. Quisiera darle la forma de mi imposible expiación a 8 canciones. Me gustaría escribir 8 poemas de enmienda, pero me siento pobre de alma, debido a la carga de la culpa. También podría buscar 8 poemas propicios, de otros autores… pero es que estas canciones —en su mayoría— me han acompañado durante años y, de alguna extraña forma, creo que me argumentan. Hoy empecé con Lucky de Radiohead. Mañana será Despair Came Knocking at my Door, de Daniel Johnston. Espero, el próximo lunes, cerrar la semana de reparación con At my Most Beautiful, de REM.

Acá, mi nación de uno, con visa requerida, el lugar donde vivo fuera de mí, sin ficción ni personajes, te digo: he obrado mal. He sido yo.

domingo 13 de diciembre de 2009

Vicente Aleixandre, 26 de abril de 1898 – 13 de diciembre de 1984 (hoy)

Diciembre 13, 2009




Viejo poeta. Disculpa lo de viejo, pero cómo a todo escritor que se le ocurre llegar a viejito, son tus últimas fotos las más divulgadas. Qué mirada sosegada y dulce. En las fotos de más o menos joven ya te ves calvo y, en blanco y negro, parece que tus ojos fueron claros. Pero qué mirada dulce. Podrías habértela pasado repartiendo fotos tuyas en vez de escribir poemas. Pero sí escribiste poemas; poemas enormes como “Las águilas” y cosas como “La muerte o antesala de consulta,” que no sé cómo llamar, y a veces, ni cómo leer, aunque no pueda dejar de hacerlo. En ocasiones te arrimaste de mala gana a un tipo de surrealismo plástico y ya caduco. Mejor no hablar de eso. Mejor seguir muriéndose en la antesala. Y te dieron el Nobel, que para nosotros, en la era de Obama, ya es un chiste de mal gusto; pero allá por el 77’ te veías feliz recibiéndolo, y me alegra, porque fuiste un viejo dulce, aunque nos pegaras tan duro.

sábado 12 de diciembre de 2009

Mi cordura… y no puedo quitar ese maldito espacio de más

Diciembre 12, 2009


Mi cordura…. nop, mi tranquilidad, mi estabilidad, mi libido, mi cuñada, están en peligro. Un promedio de cuatro horas diarias en el transporte público puede hacer eso; se puede inventar parientes políticos, por ejemplo. Qué amalgama de pensamientos efímeros en el bus, es como si se quedaran en el especio afuera del bus mientras éste avanza. Creo que en la 75 con 15 pensé algo muy ingenioso y esclarecedor; me podría devolver la trayectoria y encontrar mi pensamiento flotando entre las luces de navidad de la calle. Tal vez es obsceno, y los papás les están tapando los ojos a los niños. Al recogerlo, me excusaría: “en realidad no es idea mía, sólo soy una víctima más de los medios”. Estaría mintiendo, por supuesto. También tuve un stream of consciousness intempestivo y pendenciero, alevoso, como los de antes. Decidí que prefiero morir a vivir sin Luisa. Después decidí que prefiero vivir a dejarla sola. Aunque nunca he deseado morir, siempre me sorprende cuantas personas aseguran haberlo deseado alguna vez. Siempre he querido vivir; a veces he querido vivir con rabia, con odio, mejor dicho, con el enfoque un poco retorcido. No era el hecho de vivir lo que implicaba rabia y odio, sino el hecho de quererlo. El verbo querer. Mira que hay que tener huevo para imponer un stream of consciousness. Cosa más pretenciosa no se me ocurre. Pero qué cosas más interesantes cuadran bajo ese rotulito: William Burroughs' Naked Lunch, Jack Kerouac's On the Road & Visions of Cody, Ken Kesey's One Flew Over the Cuckoo's Nest, Thomas Pynchon's Gravity's Rainbow, Clarice Lispector’s todo. Maldito Google. Paréntesis: siempre que veo felicidad y amor, veo/siento el flash de una bala o de un automóvil que se pasa la roja. Oh, queda taaanto Chi Kung para librarme de mí. Ahora, en esta vida de luchas y espantos, de trabajar 8, 9, 10, 12 horas diarias en un edificio, de abrazar árboles que pronto estarán en el suelo, de no envejecer sino caducar, de escoger una identidad cuando ni siquiera tienes suficientes pelos en el culo para que se te enrede y seque la mierda y tengas que arrancártela en la ducha y lagrimear de dolor debajo del chorro de agua helada que algunos centavos de gas podrían entibiar y hacer tu vida un poco más fácil desde que te levantas. En medio de todo eso, pocas cosas parecen más absurdas que escribir. Pero, mientras venía en el bus (fuente de transpiración), recordé aquella sensación que ahora es esta, una de libertad y maravillosa irresponsabilidad sin escrúpulos. Para escribir hay que estar dispuesto a mojar el agua. En mis sueños, afuera de mi ventana hay un enorme mar rosado, y yo levito un poco más allá del alféizar, con una manguera en la mano.

jueves 30 de julio de 2009

Un miriápodo es como un ciempiés

Julio 29, 2009



Ayer por la mañana fui a trabajar un ratico y tales... luego me fui a la biblioteca y me puse a leer un rato y tales.... para cuando salí, era el mediodía de un día, hasta ese punto, luminoso, de afuera hacia adentro. Mientras cruzaba el túnel peatonal para llegar a la avenida 68 y buscar un lugar donde almorzar para luego ir a ver libros que no podía comprar en Authors, se me ocurrió algo, que escribí en mi cuaderno apenas pude asentar las posaderas en cualesquiera tablas de madera. Hoy, nostálgico, para rendir homenaje al extraño estado de ánimo de ese momento, lo trascribo acá: